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The last days of Trump? – Latest News, Breaking News, Top News Headlines


(Expansión) – Pareciera que el cierre de Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos es un reflejo del último año de su gestión. En enero de 2020, Trump atravesaba un proceso de juicio político, denunciado por legisladores demócratas de abuso de poder y de obstrucción de la democracia. En ese momento, el esfuerzo liderado por la Presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, parecía una causa perdida. A pesar de tener la mayoría en la Cámara baja, los Demócratas sabían que un Senado mayoritariamente republicano no votaría en favor de la destitución del presidente de ese partido. El proceso se llevó a cabo y siguió esa línea de acción. En paralelo, Trump iniciaba el año electoral con una ventaja aparente para la reelección. De pronto, un factor inesperado en forma de pandemia desvió el cauce de la tendencia.

En cuestión de meses, Trump redujo exponencialmente el margen en las encuestas, desilusionó a grupos que habían votado por él, perdió la confianza de integrantes de su equipo, desatendió reclamos sociales como el de Black Lives Matter y politizó asuntos cruciales de seguridad y salud pública. En pocas palabras, una concatenación de malas decisiones que culminaron en la fragmentación de su equipo, el debilitamiento de su imagen y, eventualmente, en su derrota ante el demócrata Joe Biden. Los meses subsecuentes han mostrado, en escala, una trayectoria similar. A partir del 3 de noviembre, Trump reunió legisladores republicanos, funcionarios públicos, empresarios y otras figuras relevantes para objetar los votos del Colegio y evitar una concesión. Divulgó mensajes para unir a su base, propagar un antagonismo hacia el vencedor e incitar a manifestaciones para revertir los resultados. El punto álgido fue la irrupción en el Capitolio durante la certificación de votos por el Congreso. Un saldo de 5 muertos, 50 arrestos y daños a instalaciones gubernamentales enmarca un acto que mermó la democracia estadounidense. La reacción de Trump ante el incidente, la falta de una respuesta de seguridad y el mensaje controversial hacia sus seguidores acabaron con la credibilidad que le restaba y ahuyentaron aliados que le quedaban, incluso republicanos. Una semana después de la manifestación en Washington, Pelosi y los Demócratas aprobaron el inicio de un segundo juicio político a Trump, acusándolo de incitar a la insurrección. Es el primer presidente en la historia de Estados Unidos en enfrentar en dos ocasiones este proceso. Cabe resaltar que, de los 232 votos en favor, 10 eran de representantes republicanos, cuando la primera vez todos votaron en contra. En 12 meses, este efecto espejo muestra el despojo de grupos que lo apoyaban. Mike Pence, el Vicepresidente, y Mitch McConnell, el líder de la mayoría republicana en el Senado, han condenado los actos de violencia; y, aunque han señalado que no apoyarán las mociones para destituir al presidente antes de la toma de posesión, han optado por una posición más neutral y una transición pacífica. Plataformas digitales como Facebook y Twitter han suspendido las cuentas del mandatario para evitar mensajes de odio, anuncios falsos o incitaciones a la violencia. Hace un año, esta disidencia hubiera sido inimaginable.

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El interés principal de Pelosi y los demócratas es condenar a Trump antes del 20 de enero, para asegurar una salida drástica, privarlo de los beneficios para expresidentes y erradicar la posibilidad de que pueda ocupar otro cargo público en el futuro. McConnell ha indicado que el juicio no se llevará a cabo antes del 19 de enero, cuando el Senado volverá a sesionar. Al día siguiente, Biden tomará posesión y la nueva configuración del Congreso otorgará a los Demócratas la mayoría en la Cámara de Representantes y el control del Senado. Ningún presidente ha sido sometido a este juicio después de abandonar la Casa Blanca, pero ha ocurrido con otros funcionarios. Se necesitan dos terceras partes de los votos del Senado para el veredicto de culpabilidad. De ser el caso, varios legisladores republicanos tendrían que alinearse con las contrapartes demócratas, lo cual denotaría una división interna. Aunque sea declarado culpable, no automáticamente pierde los beneficios ni pierde su derecho a otro cargo público, sino que habría que conducir votaciones separadas. Si Trump no es declarado culpable, su salida seguirá su curso y podrá replantear una continuación a su carrera política. La salida de Trump de la Casa Blanca en enero es inevitable. Él mismo afirmó que permitirá una transición de poder, aunque no asista a la toma de posesión como tradicionalmente lo hacen los presidentes en turno. El discurso, la ideología y la polarización política que deja Trump como legado seguirán latentes. Trump podrá irse, pero permanecerá su huella. La duración de ésta dependerá de la intensidad y contundencia de la ola azul entrante. En otro símil con el juicio político, si los demócratas trabajan de la mano de los republicanos podrán desaparecerla. De lo contrario, la inercia pendular continuará su paso. Nota del editor: Antonio Michel estudió Relaciones Internacionales en el ITAM, donde es profesor, y tiene una Maestría en Administración Pública por la Universidad de Maxwell. Trabajó casi 7 años en la Administración Pública Federal, en las secretarías de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social, Energía y Gobernación. Su pasión son los asuntos internacionales, los asuntos políticos y la administración pública. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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